DE PUNTA ARENAS A VALPARAISO

 

DE PUNTA ARENAS A VALPARAISO

 

A pesar que ya han pasado seis décadas de este acontecimiento, aún no me ha sido posible olvidar el viaje que, definitivamente quedó gravado indeleblemente en mi mente hasta los días de hoy.

La historia comienza a mediado del mes de marzo del año 1961, cuando en un barco de la de la Armada de Chile; precisamente en el transporte ¨Aníbal Pinto¨, mi hermano Carlos y yo emprendimos un viaje de regreso a Casa de nuestros padres, desde Punta arenas a Valparaíso, para luego vía terrestre llegar a la capital, Santiago de Chile. Echo que, sin duda marco, como antes lo había dicho, mi vida de adolecente y, he pensado ahora compartirlo en un relato, que para algunas personas puede resultar interesante.

Siendo uno de los acontecimientos más relevantes que me han ocurrido en mi vida, no me había referido a él ni he intentado llevarlo al relato hasta ahora. Claro para escribir es necesario tener tiempo disponible y, por supuesto, tener claro que se pueda desarrollar aquello que en ese momento nos ocupa.

Pero lo que sucede a menudo, es que siempre hay algo inesperado que surge en el momento, algún hecho en particular, de actualidad que indiscutiblemente, como en este caso, ha hecho que el que estoy comentando haya quedado atrás; Ahora, si no ocurre ningún percance quiero hablar de ello en esta oportunidad.

Se trata de la experiencia que resultó en mi vida, el viaje de regreso de Punta Arenas a casa de mis padres en Santiago.

Cuando mi hermano mayor Carlos, fue licenciado de su Servicio militar en la Armada de Chile, en la isla Dawson, Tierra del Fuego. Viajo a Punta Arenas para reunirse conmigo, que me encontraba trabajando en el puerto de esa ciudad, en un casino de jornaleros, que funcionaba en un lugar determinado dentro de ese sitio; aquel trabajo mayormente consistía en proporcionar desayuno, colaciones y cosas afines a los obreros que efectuaban trabajos de estibadores y ¨pulsetas¨. Mi desempeño era como niño para los mandados.  

Nos pusimos de acuerdo y, determinamos no permanecer más tiempo en Magallanes, debido a los requerimientos de mi madre, que insistentemente lloraba a sus hijos y, era el deseo de su corazón que volvieran pronto junto a ella.

Comenzamos entonces por conseguir los medios y recursos económicos para llevar acabo lo que queríamos hacer. Ya que él, como ya se dijo, recién había cumplido con su obligación militar, y no contaba con los fondos para hacer aquel viaje, de mi parte, yo menos.

Pensamos entonces en aprovechar que Carlos, ahora como un reservista de la Armada de Chile, tendría la opción de pedir que nos ayudaran; aprovechar esta circunstancia y, usarla para que algún barco de esa institución nos llevara a Valparaíso y, así de allí trasladarnos a Santiago a casa de nuestros padres.

Una vez que hicimos las gestiones y conseguimos con éxito nuestro deseo y, ya con la orden de pasajes en nuestras manos; nerviosos preparamos el equipaje y. por supuesto la mayoría de nuestros enseres los guardamos en una gran caja de madera, que traía mi hermano de su licenciamiento, cosa común entre los marineros

La mayoría de nuestras cosas, eran Cachureos de él, debido a que era un gran aficionado, a la reparación de radio y televisión; eran los años 60 y la televisión estaba en pañales, recién apareciendo en Chile; lo mío cabía en una pequeña maleta, y mi bicicleta Raleigh importada de Inglaterra era todo mi bagaje.

Los primeros días del mes de marzo del año 1961, cuando, luego de haber pasado nuestras cosas por el Servicio de Aduanas, nos embarcamos.

Para mí que apenas tenía quince para dieciséis años, lo que hacíamos, aquella experiencia, considerando que nunca había subido a una embarcación, fue sin dudarlo un hecho asombroso, más todavía subirnos a un barco tan enorme como el transporte Pinto, que sumó además algo más impresionante todavía, cargaba atravesado sobre una de sus bodegas, una nave remolcadora de gran tamaño.

Ya en el barco, un oficial de marina nos hizo formar, (yo solo había formado en mi colegio de la “Nro. 218 de Quinta Normal” que estaría hoy en la comuna de Lo Prado) y, era para izar la bandera y cantar la canción nacional Fue para darnos las instrucciones necesarias, a fin de poder desenvolvernos bien dentro de la embarcación, y además los cuidados de seguridad y rutinas de procedimientos en caso de algún hecho imprevisto durante la navegación.

Posteriormente nos llevaron a recibir colchones y frazadas necesarias, para armar nuestras camas, las que debíamos llevar a una bodega del barco, colocar allí. Para ello se   procedía a poner una especie de litera metálica, en unas cadenas que pendían del techo del lugar; recuerdo que se colgaban varía en un solo tramo, dejando la distancia adecuada para que cada uno de los durmientes, pudieran moverse con comodidad.

Además, se nos indicó que cada viajero, estaría encargado de repartir la comida por el lapso de una jornada durante la travesía, lo que consistía en desempeñar algo así como el trabajo de un garzón.

La diferencia con eso era que le entregaban a cada uno, para hacer aquella labor, una gran gamela de aluminio, dónde colocaban la comida, que se repartía con un cucharón a cada comensal.

No sé si fue suerte o no, pero esa labor me tocó a mi a la salida del Golfo de Penas. Claro haciendo honor a su nombre, la pasada del barco por ese lugar, por decirlo menos, fue una terrible experiencia, aunque el barco estuvo haciendo tiempo para que las condiciones climáticas mejorarán debido a qué, cómo se dijo anteriormente, el barco llevaba atravesado encima de una de sus bodegas, un barco remolcador.

La pasada por el golfo fue de noche, la sensación que experimenté agarrado a mi litera, era como cabalgar en un inmenso caballo encabritado, ya que colgaba del techo con cadenas, eso la mantenía en una posición que solo se podía sentir las subidas y bajadas del barco en las aguas, debido a que la fuerza de gravedad del planeta la mantenía a plomo, por eso en la cama se experimentaba la sensación de subir y bajar en un vaivén interminable. Por mi parte pensaba, ¿No será que el barco se va al fondo del mar y no parará hasta llegar al fondo?

Contiguo a nuestro dormitorio, si se le podía llamar así, estaba una especie de casino o comedor, donde había envases, botellas vacías, que, durante la pasada por el golfo, que duró más o menos ocho horas, no pararon de romperse y hacer terrible ruido, eso hacía más aterrador y desolador aquel momento.

Bueno, por eso mi trabajo de repartir la comida, fue muy cómodo, por qué la mayoría de los pasajeros, luego de aquella travesía experimentada, resultaron sumamente mareados y sin ganas de comer.

Bueno es está parte del relato y que por lo de la comida, me adelante. A qué se perdiera la secuencia lógica del viaje.

Saliendo ya del Puerto de Punta Arenas, la nave tomó rumbo sur por el estrecho, al llegar al faro Evangelista, ubicado en un islote que era una gran roca de granito, que se levantaba medio del mar del estrecho, estuvimos anclados por un corto tiempo en aquel lugar; se bajó una lancha que debería llevar el abastecimiento de alimentos y otros enceres para un buen trabajo del personal del faro.

Mi juventud y las ganas de conocer cosas, nuevas experiencias que nutrieran y, orientaran la buscada de un futuro para mi vida, anterior a esta que se vio desfavorecida, luego de esto no me agradó la vida marinera, potenciada por la posterior pasada por el Golfo de Penas.

(Espacio de información)

Construido a 61 metros sobre el nivel del mar en uno de los Islotes Evangelistas, este faro prendió su luz por primera vez en 1896 y facilita el ingreso a Magallanes desde el Océano Pacífico.
Cuenta la historia que el guardián que más tiempo cuidó el faro fue el inglés William MacKay, quien fue sacado a la fuerza tras 31 años de trabajo en el faro.

(Espacio de información de Wikipedia)

Luego de este procedimiento, yo me prometí a mí mismo, no entrar jamás a la marina, debido al desarrollo de aquella faena. Qué consistía en: Primero del faro bajaron una malla o red, que llegaba muy cerca del agua, luego los marinos que bajaron del barco, tenían que saltar de la lancha al islote y agarrarse a la red, para luego subir al faro para hacer relevos de personal, también operaba una grúa desde el faro para subir bultos y cosas semejantes. Rogando que el mar se mostrara amable, para que algunos de los protagonistas de la faena no cayeran al agua, mientras los de la lancha con bicheros, defendieran su posición para no estrellarse con la roca y naufragar.

Seguimos nuestro viaje, la segunda parada fue en Puerto Natales, con algún cambio de personal, bajada de pasajeros y seguimos nuestro viaje.

Mi lugar favorito en el barco era la proa, de allí extasiado me deleitaba observando las toninas o delfines australes y, veía como frente a ese lugar del barco, aparecían infinidad de islas separadas por de muchos canales, pensaba mirando aquello, ¿Por donde tomará el barco frente a tal infinidad de islas de lo canales Magallánicos?...

(Puerto EDEN)


Puerto Edén ​ es un poblado de la zona austral de Chile, situado al sur del golfo de Penas sobre la ribera occidental del paso del indio. Administrativamente pertenece a la provincia Última Esperanza de la XII Región de Magallanes y la Antártica Chilena. ​ 
Wikipedia

(Solo información)

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