MIS TRAVESURAS

             MIS TRAVESURAS



Estaba pensando hace algún tiempo, en comenzar a escribir de mi vida; iniciándose, de lo más atrás  que mi memoria me lo permita, entonces he decidido retroceder en el tiempo para ubicarme, más o menos setenta años atrás, cuando tenía ocho o diez años, y viajar al futuro de ahí en adelante. 

Todo comienza para mi, cuando mi familia vivía en un barrio cercano a la plaza Brasil en Santiago; mi madre con mi tía Julia, atendían algo así como un Restaurante y mi papá trabajaba un local en la calle San Martín; él era fabricante y, artesano de calzado ortopédico y de alta moda, su tienda del ramo, estaba ubicada pleno centro de la capital.


Más adelante nos mudamos al sector de Blanqueado, espesificamente en la Avenida Portales, que nunca supe porqué se llamaba avenida, cuando era una calle común y corriente; ahora es un barrio qué hoy pertenece a la comuna de “Lo Prado”, allí vivimos hasta que cumplí  los quince años, cuando viajé al sur austral, a la ciudada de Punta Arenas.  

Tengo ocho años, los entonces vecinos comentaban que soy un niño  inquieto y muy molestoso, me dicen por sobrenombre: "El pimienta"; –¿Porqué será me preguntó? ¿por lo picante tal vez ?, vaya a saber un niño, – o por qué me gusta mucho estar en la calle jugando con mis amigos; pero de ellos son dos con los cuales juego más seguido que son: Elianof y el Chire; aunque con otros   también desarrollamos muchos juegos divertidos y, entre estos están: los Corei, los Rojas, los Gonzales y algunos más que no recuerdo. 

De los Gonzales, uno que se la tomaba muy en serio conmigo, parecía mi enemigo este era el “Pelluco”, que siempre que me veía, quería pegarme y, esto terminó por aburrirme; entonces hablé con mi hermano Carlos, seis años mayor que yo, para que me sirviera de entrenador y me preparara para enfrentar al “Pelluco”; tal fue que uno de estos días, pavoneándose cerca de su casa, me vió y vino como siempre a atacarme pero, yo echando mano a lo que aprendí, se fue por  ojo;  justo en un ojo le dí un puñetazo, que hizo que velozmente corriera a su casa, llorando en busca de su mamá diciendo que él “Pimienta” le pegó. Tuve que salir arrancando  rápidamente de allí claro, dos de sus hermanas salieron persiguiéndome, una con una tetera con agua hirviendo y la otra con un palo de escoba. 

Pero hay algunos días que en esa calle donde vivo, donde  el piso es de tierra, y que además carece de veredas, a veces ocurren cosas violentas; fue así que nos encontrábamos varios niños jugabamos a la Troya, se trata de un juego con bolitas que para efectuarlo  había que hacer un círculo en la tierra y, por turnos cada uno trataba de sacar una bolita de la Troya, golpeándola con otra, así el que sacaba más iba ganando, pero ocurrió lo siguiente: Allí donde jugábamos había un depósito de licores, dónde se reunían los parroquianos a beber, a conversar, reírse y jugar a la rayuela, cosa qué de repente, ¿ignoro por qué?, se armó una pelea entre ellos, el resultado fué que, uno de estos hombres terminó con un cuchillo clavado en medio del pecho, cayendo muerto literalmente encima, de donde nosotros estábamos jugando; huimos de allí despavoridos, como locos cada uno para su casa, no sé lo conté a mi mamá, pero ella igual lo supo, más no hubo coscorrones en mi cabeza está vez, pero si no me escapé de una buena reprimenda.

Mi madre sufre mucho con mis aventuras, y a veces me olvidó de ayudarle en algunas cosas; como en aquella ocasión en que de la puerta de la casa me llamaba, yo como de costumbre estaba en la calle, para que le fuera a comprar algo; –mijito venga por favor para que me vaya a comprar,— me dijo pero no me di cuenta si bien ella tenía la bolsa del pan por delante, pero no me percaté de lo que  ella escondía en la otra mano; cuándo estuve solícito al lado de ella, me agarró de un brazo con mucha, fuerza y me dió una de gomazos, con un pedazo de manguera que usaba como correa. 

Al fondo de sitio donde mi padre ayudado por el maestro “Arayita”  construyó nuestra casa, bueno toda la familia cooperó también, y en la medida que aumentaba la familia, se iba agrandando; al fondo del sitio había un canal, que se llamaba "Canal Zapata" las aguas eran turbias con mucha basura, pero eso no impedía que yo y mis amigos nos diéramos buenos chapuzones; en medio de toda la suciedad que traían esas aguas, de lo que botaba la gente, a veces venían libros, yo rescaté uno que llamó mi atención, así durante varios días estuve entretenido practicando lo que allí se enseñaba; la cuestión es que producto de esto, conversando  con Elianof mi amigo le dije que practicaramos los dos aquellas enseñanzas; así lo primero que hicimos fue que él, viniera corriendo por detrás de mí y me agarrara fuertemente del cuello con sus dos manos; él lo hizo como yo le había dicho, tal es manera, que cuando sentí el violento ataque, tomé sus dos brazos por los codos y, Elianof salió disparado por sobre mi cabeza, cayendo aparatosamente al suelo y, entre risas y palabrotas terminamos la práctica; conclusión, habíamos descubierto un libro de "Judo". 

Pero también ese canal nos proporcionaba dinero y, claro nos ayudaba para ir a la matiné en el cine “Diana” que está ubicado en Blanqueado, y lo que se efectuaba en los días sábados, ya que por sus cochinas aguas de ese canal, la gente tiraba cáscaras de melones y sandías, que nosotros con un garfio de hierro las rescatabamos del agua y se las vendíamos a Don Agustín y a otros que se dedican a la cría de porcinos.  

Cuando volvía del colegio, se me ocurrió colgarme de una rama de un sauce llorón; que estaba junto al lado de un canal que corría en paralelo a la orilla de la calle, el cual contenía mucho barro y, yo comencé a columpiarme; pero la rama que elegí para hacerlo cedió y caí en medio del lodo, piensen lo que quieran pero mi madre cuándo me vio así todo embarrado, me dió unos coscorrones, ya que me había puesto el traje que tenía para hacer la Primera Comunión, y que todavía me duelen, más la reprimenda por haber ensuciado la única ropa que también me servía para ir al colegio. 

Siempre me ocurrían cosas, otra vez que con mis amigos, luego de volver del colegio, nos pusimos a jugar al paquito y el ladrón; bueno un niño era el ladrón y otro trataba de atraparlo, en una de esa yo era el ladrón y otro trataba de pillarme, con tan mala fortuna para mí, que al intentar escapar de mi perseguidor al esquivar a este paquito,  me afirmé en la reja de una casa, pero un perro muy atento a nuestros juegos me mordió en mi mano izquierda y, me dejo llorando y tuve salir en busca de mi mamá, la que además de ver mi herida y darme otros coscorrones, me llevó a la posta de primeros auxilios; antes de entrar me dijo que y, –¡tú tienes que llorar harto para que nos atiendan más rápido!; así allí le preguntaron –¿qué le pasó a su niño señora? y; al comprobar que fue un perro el que me mordió; me colocaron una inmensa aguja con una vacuna para qué no me de rabia dijeron, que desastre, llore hasta el otro día así esa noches cuando me acosté a dormir, lo hice muy cansado. 

Bueno esto fue otras vez, al examinar mis tareas del colegio y ver qué cosas me gustaban, de lo que había visto durante las clases y, luego de pensar que mi maestra era muy bonita, como soy dado para hacer retratos, mientras la miraba me puse hacer un retrato de ella y, no me di cuenta de que me estaba observando que me quitó la hoja, que lástima, se llevó mi trabajo y ni me dio las gracias.

Mi escuela, es un lugar muy especial, está ubicada dentro de un sector de campo; donde los profesores dicen que en tiempos coloniales, era una prisión de políticos malos que los encerraban allí pero para nosotros, es un lugar amplio, tiene una reja colonial muy vieja y el edificio cuenta con muchas torres con miradores,  que parece un palacio de cuentos de monstruos o de fantasmas, vampiros y otras cosas feas; pero es un buen lugar para estudiar, los cursos son con niños y niñas, de estás últimas, dos muy bonitas, cómo la violeta y la Cristina.

Mi escuelita tiene un molino de viento, que tiene una torre de fierro, está en el lado izquierdo del patio delantero, es donde corremos con nuestros juegos, son lugares con mucha tierra, pero estamos acostumbrados y, son fantásticos. También un lugar donde algunos juegan y otros pelean, bueno también ahora justamente estoy castigado; porque jugando al pillarse, yo iba persiguiendo a un compañero con mucho empeño, este no encontró nada mejor, que para escapar de mi que lo perseguía, tratar de pasar a través de una alambrada de púas, que era el límite del patio, por desgracia grande, rasgó su único pantalón que tenía; nuestro profesor, en este caso, no es una maestra hermosa, por él contrario es un maestro pelirrojo que me tomó de una oreja y, luego de darme unos reglazos, me hizo ir a mi casa; que no quedaba muy lejos, para que mi mamá reparará el pantalón de ese niño. 

Pero no cuento cuando supo mi papá, tuve que dormir debajo de la cama de mi hermana, ( ella es mayor que yo y siempre me cuida) era para que no me den más de correazos, esto no fue junto por que no fue de nosotros la intención, pasó y punto. 


Me gustaba también aquello que se relacionaba con las culturas ancestrales de mi País Chile, porque yo nací en este hermoso país con tantos lugares donde ir a jugar o aventurarse, sobre todo los sitios donde hay mucha agua, me gusta mucho eso, aunque lo hacía sin decirle a mamá dónde me iba a meter, existen muchos lugares peligrosos decía ella. Pese a eso me gustaban los lugares donde podía encontrar, vestigios de poblados humanos que vivieron allí antes que nosotros; me empecinaba en encontrar restos de cerámicas, puntas de flechas, o cualquier otro objeto o elemento, me imaginaba como era sus casas, cómo vivían, en  los sitios donde las construían y cosas como esas. 

Me gustan aquellos días de la semana  destinado a hacer actos culturales, como cuando además de hacer obras de teatro muy conocidas, las repiten todo el tiempo; nos reímos mucho con los títeres, me hacen llorar los poetas  y declamadores de su poesía, también hay músicos con sus instrumentos, sobre todo los del violín me gusta también, sin dejar de lado los cantantes. 

Ahora tengo once años, sigo igual de travieso, pero ahora me cambiaron de colegio, este se llama Santo Tomás de Aquino, un establecimiento Católico y fue porque Carlos, mi hermano mayor, estaba estudiando allí. en otro curso. yo me sentaba en la última fila de la sala junto en el lado de la ventana que daba a la calle, lo que me molestaba en esa ubicación era qué no faltaba el copuchento que se asomaba a mirar desde allí creo que es porque la profesora es súper buena moza, yo creo que a mi me daban celos del hombrecillo aquel, parece que yo era un niño enamorado de mi maestra. 

Cómo es un colegio Católico los días jueves nos llevaban a la capilla donde debemos confesar nuestros pecados, para así poder comulgar en la misa de nueve del próximo día Domingo dónde tenemos que pedir al sacerdote un comprobante para llevar los días lunes con el objeto de  presentarlo en el colLo bueno de esto, es que nos queda muy cerca la Capilla de Lourdes dónde tenemos que ir a la misa de nueve los domingos y, lo que me gusta más, es lo accesible que están los museos que existen en La Quinta Normal, dónde puedo disfrutar de algo que me fascina; sin dejar de lado el paisaje, la laguna para pasear en los botes, las diferentes fuentes de agua con peces de colores.

egio. La  mayoría del  profesorado son mujeres, algunas muy severas una de ellas, es la directora que se llama Alicia Barros, parece un comandante, de regimiento por que nos vigila con ojo crítico y a veces nos deja castigados 

Creo que aquí estoy mejorando mi comportamiento, con algunos conflictos si y, sobre problemas de movilización, que además de tener que caminar de a pies, posteriormente hay que tomar un tranvía  que es un carro con rieles que se llama " Ferrocarril Oeste". Lo bueno de esto que es muy cercano a la capilla de Lourdes dónde tenemos que ir a la misa de 9 y, lo que me gusta más, es lo cercano que me quedan los museos que existen en La Quinta Normal, dónde puedo disfrutar lo  que más me gusta. 

De allí me gradué con muy buenas notas, de sexto año básico y con la esperanza de continuar mis estudios en una escuela industrial que quedaba en la comuna de Santiago; lamentablemente mi papá me dijo que no había dinero

y que tenía que buscar un trabajo igual como lo hacía mi hermana que estaba trabajando en  el centro en un tienda de joyería llamada “El Regalo” que quedaba en la calle Huérfanos en pleno centro de la ciudad. 

Así mismo mi hermana consiguió un empleo para mi, como mensajero en una oficina  en la misma calle, donde hacían copias de planos que usaban en trabajos de empresas Constructoras que requerían  los arquitectos; fue allí donde comenzó mi vida laboral, aun cuando mi sueldo era tan poco que apenas me alcanzaba para comprarme un cinturón que era mi necesidad en ese momento. Bueno en un principio en ese empleo lo que hacía, era quedarme en la recepción donde me entretenía leyendo novelas de pistoleros y hacer aseo a los baños etc. y algunas veces me mandaban a oficinas de arquitectos a entregar los planos que se copiaban en una máquina muy grande, como de un metro de ancho,  la que aprendí a manejar con algunas chambonadas que tuve que superar con mucho trabajo,. 

A la zasòn yo ya había cumplido mis doce años dé edad y aunque generaban poco dinero para ayudar a los gastos de la casa, claro éramos una familia muy grande. pese a lo poco que ganaba en ese empleo, me dejó una buena experiencia y conocí mucha gente y lugares, hice varios amigos incluso entre ellos uno que trabajaba como acomodador en un cine céntrico, así que podía ver películas gratis. También Aprendí a conocer todo lo que es el centro de la capital, la movilización dentro del área urbana, manejar bien los ascensores de los edificios de oficinas y; también algunas cosas que me pasaron, como aquella vez que un hombre mayor bastante grande me quiso agarrar en el interior de un ascensor y como ágilmente escapé, me siguió a través de las galerías y pude perderme, escurrirme en medio de la gente de las calles. 

En ese trabajo permanecí hasta que tenía más o menos catorce años y durante el tiempo entre que salí del sexto año básico, y comenzar a estudiar en liceo nocturno Pedro Aguirre Cerda y terminar mi séptimo y octavo año de humanidades, después de ese período tuve la oportunidad de viajar a la ciudad de Punta Arenas entre tanto pude descubrir los veranos en en los lugares hermosos que existen en los alrededores de Santiago, aunque con muy escasos recursos disponibles me las arreglé para conocer, ir a Lo Aguirre por ejemplo, este lugar está ubicado en lo que hoy está el aeropuerto Arturo Merino Benítez, allí con mis amigos del barrio, nos íbamos al tranque que quedaba cerca del camino que va a Valparaíso ruta 68, y aunque estaba prohibido, pasábamos tardes enteras en el agua. Claro que para ingresar al tranque como no había cerca, era menester saltar un canal de unos cinco metros de profundidad por unos tres metros de ancho, que nosotros teníamos que salvar para pasar al tranque, bueno el que no llegaba al otro lado se precipitaba al fondo del canal, no le quedaba otra cosa que nadar unos cien metros hasta llegar a un lugar donde poder salir, para luego volver al principio salir y saltar de nuevo, terminamos expertos en el salto largo; bueno aparte de que una vez  nos pillaron los Carabineros, menos mal que uno de nosotros pudo escapar y dar aviso a las familias para que nos vinieran a sacar, aparte de pagar la multa, sin contar que mi padre dijo que me dejaran preso no más; menos mal que en eso intervino mi hermana que a través de una vecina pagó la multa y que libre, pero no de los azotes que con el tirapié mera diera mi papá. 

Bueno en realidad de hecho esos paseos eran muy peligrosos, tal fue el caso del hijo del verdulero, que mientras disfrutaba del baño en el tranque le dió un calambre en el estómago y nadie se dió cuenta y terminó ahogándose, —¡que tragedia! también había otro tranque más cerca, que se llamaba “Santa Corina” y que ubicado en San Pablo, en lo que era Las Barracas, hoy comuna de Pudahuel; allí a la entrada cómo de un fundo, había un pequeño sitio que tenía un antigua capilla o templo católico, bueno en ese tranque aprendí a nadar, menos mal.   

A orillas de la ruta 68, existía también un canal donde se acumulaba el agua del invierno, que de hecho en primavera cuando hacía calor lo aprovechamos,  como también otros niños y también niñas que con poca ropa o nada, nos bañábamos ahí, medios piluchos, pero a nadie le importaba, solo que a mí  me molestaban por que me decían que yo era muy velludo.

Cuando llegaba el verano mis padres me enviaban al campo, específicamente  al sector de la comuna de Lampa, a la casa de mi tío Manuel, que junto con su esposa que se llamaba Irma trabajaban en un fundo cuyo nombre era “Los Cerrillos” que quedaba como a unos cinco kilómetros del pueblo de Lampa , creo que ese campo tenía ese nombre porque contaban con varios cerritos, donde también pastaban muchos animales vacunos, los que me daba miedo pasar entre ellos ya que para llegar a la casa de mi tío, tenía que caminar más o menos un espacio de cinco cuadras,  lo que me ponía muy nervioso y no había cómo evitar el pasar por ese lugar. 

El lugar donde estaba la casa de mi tío, Manuel era un sitio en pleno campo, y consistía en una cabaña construida con paredes de quinchas, contaba con dos habitaciones, más la cocina y el comedor que estaban en un espacio aparte, toda la construcción tenía el techo de totora con el piso de tierra, el lugar en que yo tenía que dormir, consistía en una litera echa de cañas y varas más un colchón de rústico hecho de bolsas de harina con un relleno de paja; me gustaba dormir por las tardes la siesta, un día me asusté porque al que me acobardó, fue que en una cuando me levanté de la payasa en que dormía tranquilamente y cuando al intentar ponerme las ojotas, junto encima de ellas había una culebra enrollada, lo que me hizo salir corriendo disparado a pata pelada y gritando, una culebra me quiere morder.

Durante ese tiempo, aprendí muchas cosas: por ejemplo, a hacer canastillos para atrapar codornices con ingenioso sistema, en que por medio de un par de palitos que colocados de tal manera soportaban, la parte de arriba con una varilla que al pisarla las aves, caía la estructura y dejaba encerrado a los pájaros, también cómo construir hornillas en las que mi tío fabricaba carbón de espino, que lo almacenaba en sacos para hacer entregas a comerciantes que lo vendían en el pueblo; ese mismo tipo de horno lo usaba mi tía Irma para cocinar, y hacer pan amasado, asar pollos, chanchos, conejos y también algunas codornices; Mi tía también teñía y trabajaba una huerta dónde ella plantaba hortalizas de distintos tipos y también choclos, con lo que hacía  pastel y humitas muy ricas. Además ellos criaban aves de corral, como gallinas, pavos, patos etcétera.

Una madre es un ser muy especial; cuando yo era niño, mi madre procuraba incansablemente implantar en mi, lo que ella estimaba que era muy importante, entre otras cosas, cómo deberían ser sus nietos, hermosos, desde luego y por, sobre todo, que no fueran morenos como ella, eso siempre me intrigó, sobre todo ahora que soy un hombre, como dicen, de la tercera edad; esto por qué si ella era una mujer morena muy bella, tal vez le harían burlas relativas a eso cuando ella era una niña.

Y esta última cosa permaneció en mi mente hasta cuando yo ya era un adulto, y curiosamente para mi resultó en el hecho que ya de adulto preferiría las mujeres rubias, con mi esposa tuvimos 37 años de matrimonio, era una hermosa rubia de ojos verdes; Digo era, púes en el día de hoy se cumplieron 15 años de su partida de este mundo.

Pero ahora quiero centrarme en lo que fue y cómo fue mi vida de pequeño; puedo decir por lo que recuerdo, que fui un niño muy enfermizo, lo que más recuerdo: son como era llevado al hospital San Juan de Dios, lo que era tan frecuente que recuerdo a mi madre cargándome ya bastante crecido, debido a cada peste que me aquejaba. pienso que eso se debería a que era muy callejero y aventurero y comúnmente, sobre todo en los veranos, como me metía en cualquier canal en que hubiera agua, ya más grande  me iba muchas veces sin permiso de mi mamá, a lugares donde el agua fuera abundante, como el tranque de Santa corina en Pudahuel, el tranque lo Aguirre del Noviciado, la Laguna de Pudahuel, más los canales y de cualquier agua de los potreros cercanos ( vi morir amiguitos ahogado por esa tan arraigada costumbre de los niños de mi barrio, que en ese tiempo se llamaba Las Barrancas- 

Entonces como ya dije, tengo ocho años, los vecinos alegan que soy un niño muy inquieto, travieso y molestoso, me dicen por sobrenombre: "El pimienta"; ¿Por qué será me preguntó, por lo picante será? --, valla saber un niño, o por qué me gusta mucho estar en la calle jugando con mis amigos?; de ellos, son dos con

los cuales me junto más:  Elianof el Chire y el Reina, aunque con los demás también desarrollamos muchos juegos divertidos y, entre estos están: los Corey, los Rojas y los Gonzales.

De los Gonzales, uno no tan amigo, el Pelluco que siempre que me ve, quiere pegarme y esto terminó por aburrirme; entonces hablé con mi hermano Carlos, seis años mayor que yo, para que me entrenara y preparara para enfrentar al Pelluco.

Tal fue lo empoderado que me dejó el entrenamiento, que un día, que llegué cerca de su casa, pavoneándose me vio y se vino enseguida a atacarme, pero esta vez yo lo estaba esperando y, enseguida echando mano de lo que aprendí, se fue por ojo; justo en un ojo le di un puñetazo, que hizo que rápidamente corriera a su casa, llorando en busca de su mamá diciendo que el Pimienta le había pegado. Arranqué me fui de allí, claro no tuve otra opción, dos de sus hermanas salieron persiguiéndome, una con una tetera con agua hirviendo y la otra con un palo de escoba.

Hay algunos días que en esa calle donde vivo, que el piso es de tierra, que carece de veredas, ocurren cosas trágicas, estábamos varios niños jugábamos a la “Troya” que es un juego con bolitas o canicas; para esto había que hacer un círculo en la tierra y, por turnos cada uno intentaba sacar una bolita de la Troya, golpeándola con otra, el que sacaba más sin perder iba ganando, pero ocurrió lo siguiente:

Allí donde jugábamos había un depósito de licores y alcoholes, dónde se reunía un grupos de parroquianos a beber, a conversar, reírse o qué se yo, cosa que de repente, ignoro porqué, se armó una pelea entre ellos, el resultado fue desastroso, uno de estos hombres resultó con un cuchillo clavado en medio del pecho, cayendo literalmente muerto encima de donde nosotros estábamos jugando; huimos de allí despavoridos, como locos corrimos, cada uno para su casa; no se lo conté a mi mamá, pero ella igual lo supo, más no hubo coscorrones en mi cabeza está vez, pero sí la vi muy preocupada por lo que vimos.

Mi madre sufre mucho con mis aventuras y, a veces me olvidó de ayudarle en algunas cosas en que necesita que le ayuden; como en aquella ocasión, en que de la puerta de la casa me llamó para que fuera a comprar algo; –mijito venga por favor para que vaya a comprar, me dijo, --me di cuenta que ella tenía en su mano derecha la bolsa del pan por delante, pero no me percaté de lo que  ella escondía en la otra mano; cuándo corrí solícito al lado de ella, me tomó de una brazo con mucha fuerza y me dio una de gomazos con un pedazo de manguera que usaba como correa.

Al Fondo de sitio donde mi padre armó nuestra casa, toda la familia cooperó para hacerlo y en la medida que aumentaba esta, se iba agrandando la construcción; al final del sitio había un canal, que se llamaba " Zapata" las aguas eran muy turbias con mucha basura, pero eso no impedía que yo y mis amigos nos diéramos buenos chapuzones en ella; creo que las veces que me enfermé, tiene que haber sido por alguna peste que se me pego allí; que me trae fiebre y días en cama, cosa que me aburre muchísimo y que mi mamá me tiene que cargar para llevar a un muchacho ya grande, en brazos al hospital “San Juan de Dios”, pobre ella, tenía que quererme mucho pienso.

En medio de todo lo que traen esas aguas, a veces venían libros, yo rescaté uno que llamó mi atención y, durante varios días estuve entretenido practicando lo que allí se enseñaba; la cuestión es que producto de esto, le dije a Elianof, mi amigo, que practicará conmigo aquellas enseñanzas; lo primero que hicimos fue que él, viniera corriendo por detrás y me agarrara fuertemente por el cuello con sus dos manos; él lo hizo como yo le había dicho, tal es así, que cuando sentí el violento ataque, lo tomé por los codos de ambos brazos y, Elianof salió disparado por sobre mi cabeza, cayendo aparatosamente de espaldas al suelo y entre risas y palabrotas terminamos la práctica; conclusión, habíamos descubierto un libro de "Judo" jejejeje.

Pero también ese canal, nos proporcionaba dinero para ir a la matiné los días sábados y deleitarnos con las películas del Mantequilla y “Los Tres Chiflados”, ya que por sus sucias aguas. la gente agrega cáscaras de melones y sandías, que nosotros con un garfio de hierro rescatamos y se las vendemos a un vecino, Don Agustín y otros que se dedican a la cría de chanchos, así nos ganamos unas monedas.

Mi escuela, es un lugar muy especial, está ubicada dentro de un campo; los profesores dicen que, en tiempos coloniales, era una prisión de políticos malos que los encerraban allí. 

Aparte mi escuelita aparte eso para mí es un lugar amplio, tiene una reja  tiene un molino de viento, que tiene una torre de fierro, está en el lado izquierdo del patio delantero, es donde corremos con nuestros juegos, son lugares con mucha tierra, pero estamos acostumbrados y, son fantásticos. A parte de eso para mí es un lugar amplio, tiene una reja colonial con una fuente redonda hecha de concreto en el centro, todas las construcciones muy viejas y el edificio con muchas torres escaleras y miradores, parece un palacio de cuentos de monstruos o de fantasmas, vampiros y otras cosas feas; pero para mí un buen lugar para estudiar, los cursos son con niños y niñas, de estas últimas, dos muy bonitas, cómo la violeta y la Cristina.

Me gusta el día de la semana destinado a hacer actos culturales, cantamos canciones de folclor chileno, con canciones de Violeta Parra, recuerdo una que hacíamos chistes con ella “YO CRIÉ UN PALOMO CARAMBA PARA MIS PASEOS”, cuando además de hacer obras de teatro muy conocidas, las repiten todo el tiempo; nos reímos mucho con los títeres y, yo los poetas y los declamadores de su poesía me hacen llorar, también hay músicos con sus instrumentos, sobre todo los del violín me gusta también, sin dejar de lado los cantantes, bueno esto fue otras veces, al examinar mis tareas del colegio y ver qué cosas me gustaban, de lo que había visto durante las clases y, luego de pensar que mi maestra era que muy bonita.

Otra vez cuando volvía del colegio, se me ocurrió colgarme de una rama de un sauce llorón; estaba este árbol junto a un canal a la orilla de la calle, con mucho barro en su interior y, yo comencé a columpiarme, pero la rama que elegí cedió y caí en medio del lodo. Piensen lo que quieran, pero mi madre cuándo me vio así, me dio unos coscorrones que todavía me duelen, más la reprimenda por haber ensuciado la única ropa que tenía para ir al colegio.

Por las noches cuando me acuesto a dormir, me duermo muy cansado; pensando mil cosas, por ejemplo, que haré cuando sea grande, mi mamá quiere que sus hijos varones sean todos uniformados: Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Carabinero, pero yo no lo sé todavía, pero no comprendo porque nos dice también, que no quiere nietos poto de tintero. Otra vez me dormía pensando en lo que haría al otro día, además de jugar al trompo o a las bolitas; también con mis amigos, algunas veces, luego de volver del colegio, jugábamos al Paquito y el ladrón; bueno un niño era el ladrón y otro trataba de atraparlo, en unade esa yo era el ladrón y otro trataba de pillarme, con tan mala fortuna para mí, que al intentar escapar de mi perseguidor al esquivar a este paquito,  me afirmé en la reja de una casa, un perro muy atento a nuestros juegos me mordió en mi mano izquierda y me dejo llorando en busca de mi madre; la que además ve ver mi herida y darme otros coscorrones, me llevó a la Posta; antes de entrar me dijo que  –¡tú tienes que llorar harto para que nos atiendan más rápido!; -- luego allí le preguntaron –¿qué le pasó a su niño? ; al comprobar que fue un perro el que me mordió; me colocaron una inmensa aguja con una vacuna para qué no me de rabia dijeron, que desastre, llore hasta el otro día.

A propósito del hospital, me gusta hacer artesanías de madera y, estaba haciendo un estuche para colocar lápices usando un cuchillo zapatero de mi papá, con tan mala fortuna el me hice un corte en mi muslo derecho con ese cuchillo, no me llevaron en esa oportunidad al hospital, solo me pusieron alcohol y tela de araña, eso me sorprendió que esta vez no lo hicieran como el otro día lo obviaron a pesar de todo.

Me daba cuenta que me gustaba aquello que se relacionaba con las culturas ancestrales de mi País Chile, porque yo nací en este hermoso país con tantos lugares donde ir a jugar o aventurarse, sobre todo los sitios donde hay mucha agua, me gusta mucho eso, aunque lo hacía sin decirle a mamá dónde me iba a meter, existen muchos lugares peligrosos decía ella.

Pero aparte de eso, me gustaban los lugares donde podía encontrar, buscar y escarbar en los cerros, los vestigios de poblados humanos que vivieron allí antes que nosotros; me empecinaba en encontrar restos de cerámicas, puntas de flechas, o cualquier otro objeto o elemento, me imaginaba como era sus

casas, cómo vivían, los sitios donde las construían y cosas como esas.

También un lugar donde algunos niños juegan y otros pelean, bueno también al pillarse jugamos y ahora justamente estoy castigado; llamaron a mi mamá, porque jugando al pillarse, yo iba persiguiendo a un compañero con mucho empeño, este no encontró nada mejor, que para escapar de mí que lo perseguía, trato de pasar por una alambrada de púas, que era el límite del patio, por desgracia grande, rasgó su único pantalón que tiene; nuestro profesor en este caso, no es una maestra hermosa, por el contrario es un maestro pelirrojo que me tomó de una oreja y, luego de darme unos reglazos, me hizo ir a mi casa; no quedaba muy lejos, para que mi mamá preparará el pantalón de ese niño.

No cuento cuando supo mi papá, tuve que dormir debajo de la cama de mi hermana, (ella es mayor que mí y siempre me cuida) era para que no me den más de correazos, esto no fue junto pienso.

Ahora tengo once años, sigo igual de travieso, pero ahora me cambiaron de colegio, este se llama “Santo Tomás de Aquino”, fue porque Carlos, mi hermano mayor, está estudiando aquí.

Es un colegio católico que los días jueves nos llevaban a confesar nuestros pecados, para así poder comulgar en la misa de nueve del próximo Domingo dónde tenemos que pedir un comprobante al cura, para llevar los días lunes a presentarlo en el colegio; las maestras la mayoría son mujeres, muy severas, una de ellas, es la directora se llama Alicia Barros, que hacía como comandante, nos vigila con ojo crítico.

Creo que aquí estoy mejorando mi comportamiento, con muy buenas notas y también algunos conflictos si y, problemas de movilización, que además de tener que caminar de a pies, posteriormente hay que tomar un tranvía que es un carro con rieles que se llama " Ferrocarril Oeste". Y que muchas veces viajamos en las pisaderas, exponiéndose al frío y la lluvia en los inviernos.

Lo bueno de esto, es que nos queda muy cerca la Capilla de Lourdes dónde tenemos que ir a la misa de 9 los domingos y, lo que me gusta más, es lo accesible que están los museos que existen en La Quinta Normal, dónde puedo disfrutar lo que me fascina.

Algunos años más tarde nos mudamos al poniente de la ciudad, sector de Blanqueado, específicamente a la Avenida Portales; que nunca supe por qué se llamaba avenida, cuando era una calle común y corriente; bueno un barrio qué hoy pertenece a la comuna de Lo Prado, allí viví hasta que cumplí los quince años, cuando me fui al sur austral, Punta Arenas.

Entonces: Tengo ocho años, los vecinos alegan que soy un niño muy inquieto, travieso y molestoso, me dicen un mote: "El pimienta"; –¿Por qué será me preguntó? –¿por lo picante será? -- valla saber un niño, –o por qué me gusta mucho estar en la calle jugando con mis amigos de ellos, hay dos con los cuales me junto más que son el Elianof y el Chire, aunque con los demás también desarrollamos muchos juegos divertidos y, entre estos están: los Corai, los Rojas y los Gonzales.

De los Gonzales, uno no tan amigo, el Pelluco que siempre que me ve, quiere pegarme y esto terminó por aburrirme; entonces hablé con mi hermano Carlos, seis años mayor que yo, para que me entrene y prepare para enfrentar al Pelluco. Tal fue lo empoderado que me dejó, que un día que llegué cerca de su casa

él pavoneándose, me vio y vino enseguida a pegarme a atacarme. pero esta vez yo estaba preparado y echando mano de lo que aprendí con mi de mi hermano, este se fue por ojo; justo en un ojo le di un puñetazo, que hizo que velozmente corriera a su casa, llorando en busca de su mamá diciendo – ¡que él Pimienta le había pegado! –.

Yo arranqué rápidamente de allí, claro no tuve otra opción, dos de sus hermanas salieron persiguiéndome, una con una tetera con agua hirviendo y la otra con un palo de escoba.  Hay algunos días que en esa calle donde vivo, que el piso es de tierra y que carece de veredas, ocurren  cosas trágicas, estábamos varios niños que jugábamos a la “Troya” que es un juego con bolitas o  canicas; para esto había que hacer un círculo en la tierra y, por turnos cada uno intentaba sacar  una bolita de la Troya, golpeándola con otra, el que sacaba más sin perder iba ganando, pero  ocurrió lo siguiente: Allí donde jugábamos había un depósito de alcoholes, dónde se reunían grupos de  parroquianos a beber, a conversar, reírse o qué se yo, cosa que de repente, ignoro porque, se  armó una pelea entre ellos, el resultado fue que, uno de estos hombres resultó con un cuchillo  clavado en medio del pecho, cayendo literalmente muerto encima de donde nosotros  estábamos jugando; huimos de allí despavoridos, como locos, cada uno para su casa. No sé lo conté a mi mamá, pero ella igual lo supo, más no hubo coscorrones en mi cabeza está vez, pero sí la vi muy preocupada por lo que vimos.

Mi madre sufre mucho con mis aventuras y, a veces me olvidó de ayudarle en algunas cosas en  que ella me necesita; como en aquella ocasión en que de la puerta de la casa me llamó para  que le fuera a comprar algo; –¡mijito

venga por favor para que vaya a comprar me dijo! –me di  cuenta que ella tenía la bolsa del pan por delante, pero no me percaté de lo que ella escondía  en la otra mano, cuándo estuve solícito al lado de ella, me tomó de una mano con mucha  fuerza y me dio una de gomazos con un pedazo de manguera que usaba como correa.

Al fondo del sitio donde mi padre armó nuestra casa, era una población de autoconstrucción, toda la familia cooperó y en la medida que aumentaba esta, se iba agrandando la vivienda; al fondo del sitio existía un canal que se llamaba "Canal Zapata". La verdad es que el sitio nuestro, por el fondo limita con el Fundó “La Laguna” dónde habían dos  canales más, las aguas eran turbias con mucha basura, pero eso no impedía que yo y mis  amigos nos diéramos buenos chapuzones en ella; creo que las veces que me enfermé, tiene  que haber sido por alguna peste que se me pegue allí; que me trae fiebre y días en cama, cosa  que me aburre muchísimo y que mi mamá me tiene que cargar para llevar a un muchacho ya  grande como yo, en brazos al hospital “San Juan de Dios”, pobre ella, tenía que quererme  mucho pensaba.

En medio de todo lo que traen esas aguas, a veces venían libros, yo rescaté uno que llamó mi  atención y, durante varios días estuve entretenido practicando lo que allí se enseñaba; la  cuestión es que producto de esto, le dije a Elianof, mi amigo, que practicará conmigo aquellas  enseñanzas que contenía ese ejemplar; lo primero que hicimos fue que él, viniera corriendo por detrás de mí y, me  agarrara fuertemente del cuello con sus dos manos, él lo hizo como yo le había dicho tal es así,  que cuando sentí el violento ataque, lo tomé por los codos de ambos brazos y, Elianof salió  disparado por sobre mi cabeza, cayendo aparatosamente de espaldas al suelo y entre risas y  palabrotas

terminamos la práctica; conclusión, habíamos descubierto un libro de "Judo"  jejejeje.

Pero también ese canal, nos proporcionaba dinero para ir a la matiné los días sábados y deleitarnos con las películas mexicanas y de vaqueros y otras de “Mantequilla y Los Tres Chiflados”. ya que por sus sucias aguas. la gente botaba cáscaras de melones y sandías, que nosotros con un garfio de hierro rescatamos y se las vendíamos a un vecino, de nombre “Don Agustín" y otros que se dedican a la cría de chanchos y otros animales, así nos ganamos unas monedas extras. También logramos tener algunos ingresos más vendiendo

algunas frutas que cosechamos de algunos lugares de campo donde las adquirimos a muy bajo valor y así nos arreglábamos normalmente sin problemas. 

Por las noches cuando me acuesto a dormir, me duermo muy cansado; pensando mil cosas, por ejemplo, que haré cuando sea grande; mi mamá quiere que sus hijos varones sean uniformados: Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Carabinero, pero yo no sé todavía, pero no comprendo porque nos dice también, que no quiere nietos poto de tintero. veces  me  dormía pensando en lo que haría al otro día, además de jugar al trompo o a las bolitas;  Un día cuando volvía del colegio, se me ocurrió colgarme de una rama de un sauce llorón;  estaba este árbol junto a un canal a la orilla de la calle y con mucho barro en su interior, yo  comencé a columpiarme, pero la rama que elegí cedió y caí en medio del lodo, y cuando llegue a  casa, tenía barro hasta en la cara en una tremenda mezcla de lágrimas y susto, lloré mucho mi  madre cuándo me vio así, me dio unos coscorrones que todavía me duelen, más la reprimenda  por haber ensuciado la única ropa que tenía para ir al colegio.

También con mis amigos, luego de volver del colegio, jugábamos al Paquito y al ladrón; bueno  un niño era el ladrón y otro trataba de atraparlo, en una de esa yo era el ladrón y otro trataba  de pillarme, con tan mala fortuna para mí, que al intentar escapar de mi perseguidor al  esquivar a este Paquito, me afirmé en la reja de una casa y, un perro muy atento a nuestros  juegos me mordió en mi mano izquierda, me dejo llorando en busca de mi madre; la que  además de ver mi herida y darme otros coscorrones, me llevó a la Posta de primeros auxilios;  antes de entrar me advirtió diciéndome y, –¡tú tienes que llorar harto y bien fuerte para que  nos atiendan más rápido!--- ; allí le preguntaron a ella –¿qué fue lo que le pasó a su niño? ; – al  comprobar que fue un perro el que me mordió; me colocaron una inmensa aguja con una  vacuna, para qué no me de rabia dijeron, que desastre, llore hasta el otro día.

A propósito del hospital, me gusta hacer artesanías de madera y, estaba haciendo un estuche para colocar lápices usando un cuchillo zapatero de mi papá, con tan mala suerte que el me accidenté, me hice un corte en mi muslo derecho, solo me pusieron alcohol y tela de araña, no me llevaron al hospital esta vez y, eso me sorprendió que ahora lo obviaron a pesar de todo.

Bueno esto fue otra vez, estando en clases mientras la maestra hablaba, me distraje mirándola, porque mi ella era muy bonita, entonces se me ocurrió hacer un retrato de suyo,  era morena con unos enormes ojos almendrados, con largas pestañas, todo lo de ella llamaba mi atención,  su pelo rizado etc y, como yo sabía que era bueno para hacer retratos y estaba concentrado  en eso,  no me di cuenta que la profesora me descubrió en esa faena, me quitó el  retrato que de ella había hecho y me puso en un rincón de la sala vuelto para la pared  castigado, hasta que terminó la clase.

Me gusta mucho todo aquello que se relacionaba con las culturas ancestrales de mi País Chile,  porque yo nací en este hermoso país con tantos lugares donde ir a jugar o aventurarse, sobre  todo los sitios donde hay mucha agua, me gusta mucho eso, aunque lo hacía sin decirle a  mi mamá dónde me iba a meter, existen muchos lugares peligrosos decía ella y hay que tener cuidado; Pero aparte de eso, me gustan los lugares donde puedo encontrar, buscar y escarbar en los  cerros, los vestigios de poblados humanos que vivieron allí antes que nosotros; me empecino en encontrar restos de cerámicas, puntas de flechas, o cualquier otro objeto o elemento, me imaginaba como era sus casas, cómo vivían, los sitios donde las construían y cosas como  esas.

Mi escuela, es un lugar muy especial, está ubicada dentro de un campo; los profesores dicen  que, en tiempos coloniales, era una prisión de políticos malos que los encerraban allí, es un  lugar amplio que posee una reja colonial con una fuente redonda  hecha de concreto en el centro, de la cual fluye todo el tiempo agua, construcciones muy viejas  y el edificio cuenta con muchas torres escaleras y miradores, parece un palacio de cuentos de  monstruos o de fantasmas, vampiros y otras cosas feas; pero para mí un buen lugar para  estudiar, los cursos son con niños y niñas, de estas últimas, dos muy bonitas, cómo la violeta y  la Cristina. me  gusta el día de la semana que está destinado a hacer actos culturales, cantamos canciones de folclor  chileno, con obras de Violeta Parra; recuerdo una que hacemos chistes con ella “YO CRIÉ  UN PALOMO CARAMBA PARA MIS PASEOS”, cuando además de hacer obras de teatro muy  conocidas, las repiten todo el tiempo; nos reímos mucho con los títeres y, me impresionan  profundamente los poetas y los declamadores de su poesía me hacen llorar con sus actuaciones, también hay  músicos con sus instrumentos, sobre todo los del violín me gusta también, sin dejar de lado los  cantantes.

Mi escuelita tiene un molino de viento, montado en una torre de fierro, está en el lado  izquierdo del patio delantero, es donde corremos con nuestros juegos, son lugares con mucha  tierra, pero estamos acostumbrados y, son fantásticos;  lugar donde algunos niños juegan y otros pelean, bueno también al pillarse  jugamos y ahora justamente estoy castigado; y llamaron a mi mamá, porque jugando al pillarse,  yo iba persiguiendo a un compañero con mucho empeño, este no encontró nada mejor, que  para escapar de mí que lo perseguía, trato de pasar por entre una alambrada de púas, que está en el límite del patio; por desgracia grande, rasgó su único pantalón que tiene; nuestro director  en este caso, no es una maestra hermosa, por el contrario es un hombre pelirrojo que me  tomó de una oreja y, luego de darme unos reglazos, me hizo ir a mi casa; no quedaba muy  lejos, para que mi mamá reparará el pantalón de ese niño: No cuento cuando supo mi papá, tuve que dormir debajo de la cama de mi hermana, (ella es  mayor que mí y siempre me cuida y me ayuda y defiende) era para que no me den más de correazos, esto no fue  junto pienso. Bueno esto de que gustan los lugares donde hay lagunas o ríos, un día de verano, ya terminando el año de clases en el colegio, nos reunimos un buen grupo y no fuimos como sea, unos de a pies, otros se colgaban detrás de los buses, como yo y, no íbamos al tranque de “Lo Aguirre” lado poniente de Santiago, camino a Valparaíso.

Para llegar a ese tranque (estaba prohibido ingresar allí) igual nosotros entrabamos a la mala, para acceder había que saltar un canal de tres o más metros de ancho, se tenía que tomar vuelo y el que no lo lograba caía dentro del canal que tenía agua a unos seis metros del borde y, luego que nadar para salir unos cien metros hasta un basural. Yo siempre salté, nunca caí dentro. Pero una tarde, ya volviendo de bañarnos en el tranque, caminando ya de regreso a nuestras casas, nos detuvieron los Carabineros y nos echaron a todos dentro de la ‘Cuca” carro policial” y nos llevaron a todos a la Comisaría “LAS BARRANCAS”

Ahora tengo díez años, sigo igual de travieso, pero ahora me cambiaron de colegio, este se llama “Santo Tomás de Aquino”, fue porque Carlos, mi hermano mayor, está estudiando aquí. Es un colegio católico que los días jueves nos llevaban a confesar nuestros pecados, para así poder comulgar en la misa de nueve del próximo Domingo dónde tenemos que pedir un comprobante al cura, para llevar los días lunes a presentarlo en el colegio; las maestras la mayoría son mujeres, muy severas, una de ellas, es la directora se llama Alicia Barros, que hacía como comandante, nos vigila con ojo crítico.

Creo que aquí estoy mejorando mi comportamiento, con muy buenas notas y también algunos conflictos si y, problemas de movilización, que además de tener que caminar de a pies, posteriormente hay que tomar un tranvía que es un carro con rieles que se llama " Ferrocarril Oeste". Y que muchas veces viajamos en las pisaderas, exponiéndose al frío y la lluvia en los inviernos.


 


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