MI VIDA Y LA PATAGONIA.
En la Patagonia norte es un día de otoño el cielo es gris oscuro, el viento besa las nubes y el canto de la lluvia, compone en ráfagas una sinfonía, cuyos arpegios dejan en mi ser, un gusto agridulce. con un dejo de melancolía.
Es mi vida en la Patagonia...Su tristeza invade lentamente mi alma, que va diluyéndose como se disipa la niebla en el viento.
Es como si el vuelo de una golondrina con sus alas tijereteara el aire, cortando y cegando mi entusiasmo, o que un veloz halcón se hubiera llevado con su rapidez mis ganas de seguir.
Entonces mirar el ayer, es para mi inevitable… quisiera retraerme al pasado, o quedarme en él. ¿Cómo anular en mi mente su existencia?, para no tener que arrastrar todo ese lastre, de pensamientos reminiscentes que cargo.
Pero sería como negar que existo en este mundo… olvidar que he vivido, que un día he nacido. He sido en esta vida realmente un hombre nómada moderno, llevado por su trabajo a distintos lugares del sur austral de mi país.
Claro ha sido una consecuencia de la labor que desempeñaba, llegando a ser un recolector de vivencias de laboriosos campesinos, colonos humildes, que en mi deambular patagónico, los miré directamente a los ojos.
Así conocí su cariño, su manera aguerrida de vivir, su pobreza, (pareciera que para ello fui programado), Buscar en las desolada pampa infinita un poema o una historia extraordinariamente...cierta.
Sueños que sólo han surgido en mi mente, o sueños de otras gentes, he anhelado, sueños mutantes a mi vida transgresores de mi existir, aventurero…
Pero afortunadamente me han mudado a un bello, cálido y cercano paraje patagón, donde al fin, he anclado mi barco pequeño.
Es un paisaje primitivo, casi salvaje, amable, con una cordillera frondosa, y cariñosa, que me ha acogido como una madre. Y ¿ahora que soy ?
Un "ermitaño poeta" o un anacoreta que vive en una solitaria cabaña a orillas del bosque con un pequeño lago rodeado de natural belleza. Curiosamente, ubicados tras los contrafuertes orientales de la cordillera Andina, cerca de la frontera.
Con todo, he sido un ladrón de sueños de otros.
He robado el poema hermoso de sus vidas, adueñado y me he quedado, pegado a ellos. Amando lo que nunca habría esperado ni soñado amar un hombre como yo. Crecido con el rigor de un barrio marginal de la "Capital de Chile”, un reino real, con ese disfraz lo menciono, lo digo para agregar fantasía, a una realidad feroz, verdadera y estigmática.
Seguir fantaseando hasta el final del fin. Escribiendo poemas de amores idos, o de otros, o míos tal vez no lo menciono. Eso ha sido de la vida mi vagar mi travesía.
No lo entiendo hasta ahora me pregunto y me digo. ¿Seguiré escribiendo en mi solaz cuentos fantasiosos o poesías?... No lo sé. Como un aventurero que al caminar por lugares desconocidos, siempre quiere ir más lejos, ver que hay más allá de la siguiente colina, el horizonte no puede ser el final de la vida.
Y se empina sobre las penas y congojas, para ver su destino, sin hallar el camino que surge atónito ante la ceguera del caminante de desplazar incierto, que no sabe donde va su vida.
¿Encontraré, sin buscarlo, el tesoro escondido al final del arco iris?...
Es lo que soñaba de niño con aquella utopía, la imaginación de un mundo fantástico, que desde pequeño, ha sido siempre mi osadía. Creer en los cuentos de Traucos y Pincoyas en mares llenos de grandes calamares, que devoraban las doncellas y el Caleuche en el centro de todas esa historias fascinantes, todas ellas. Son, para mi, como mi estrella.
Pero...
¿Ya se fueron tras el mundo virtual de hoy?. Aquel embustero que se robó la inocencia, el candor de esa gente, que un día vivió entre montañas islas y sueños delirantes, pero inocentes, más que ahora conscientes del daño y el dolor que trajo a este mundo de locos desenfrenados impenitentes.
Encontraré mis sueños escondidos en un baúl que en alguna parte de mi vida se hayan perdidos, sueños de un cielo de otras dimensiones, bellos anhelados pero ignorados por mi alma.
Así mi vida ha sido de una incesante búsqueda de algo que nunca he perdido, hallar algo que nunca he sabido que es, pero ¿no creo que pueda parar de buscar?.
Con todo en este deambular me encontré con la poesía. Creo que fue en mi travesía por los territorios de Aisén. Tal vez en algún lugar de esa tierra, o tal vez aprendidas en esos boliches, donde todo se decía, metafóricamente, sin decir nada comprensible, pero, al parecer todos lo comprendían. "QUIERO RETRUCO" gritaban feroces, y la palidez de más de alguno lo entendía. Levantando su carta lo delataba y gritaba "TRUCO Y RETRUCO" y yo no entendía nada. Decían " mierda que traía palos el rio", era porque había que cambiarle el mate. Tal vez, no se realmente, pero de pronto yo agarré ese lenguaje que mudó al verso al poema transmutante. Que se fundía delirante en el exuberante paisaje de Aisén.
O quizá fue en Magallanes, más precisamente Punta Arenas, aquel infinito paisaje austral donde la luna no alcanza a esconderse, pues el sol eclipsa su brillo al morder el borde sur del planeta.
Así es como quisiera comenzar como a escribir las memorias de mi vida, pensando que alguno de mis nietos u otras generaciones, encontrarán sentido a mi vida pequeña. Digo pequeña porque el mundo es inmenso y yo nunca me he interesado por ir más allá de la pampa, de los bosques de la Patagonia.
Pareciera que todo mi universo fuera eso. Viajar entre frías montañas en busca de la medalla que la vida me diera entre glaciares y pampas, desfiladeros y estepas, que se unen con el cielo en un abrazo gigante.
Las cordilleras siempre delante de mí han estado presente y me jalan a que las suba, que las escale, pero no, no soy un escalador, soy hombre de pampa, la altura me da vértigo.
Camino por sueños que han dejado mi vida descalza, he perdido lo que sin soñarlo he conseguido. Porque todo lo que he encontrado en mi caminar por este mundo, nunca formaron parte de mis sueños. Todo ha venido porque sí, sin proponérmelo han caído de los árboles como frutas maduras que en su tiempo el suelo las recibe amable, produciendo nuevos frutos y así un caminar interminable de la hazaña de vivir en este mundo.
Luego como las hojas caen de los árboles, lo que no he soñado y que me llegó han quedando en el camino, una a una, en fila interminable,y de pronto me encuentro como cuando empecé.
Algún día mi nave partirá y me iré sin equipaje. Descalzo sin nada, pues la vida al final todo lo toma, Todo lo quita, hasta los sueños que no soñé. Pero sigo pensando porque estoy vivo, y la vida me sigue robando lo que me dio, sin pedírselo, y que en el fondo llegué a amar, pero ya no quiero sufrir esas pérdidas y fracasos.
Me aferro ahora a un norte que ya no encuentro, miro a todos lados y ya pareciera que no existe, que se fue con otros amores que nunca conocí.
Soy un enemigo de agruparme, de afiliarme, me aterra encasillarme, huyo de las reuniones y debates, enemigo soy de todo lo que así me trate.
Pero he aprendido amar, hasta el más inconsciente, hasta el más indeseable al más linyera indolente. Ahora creo que he llegado a un punto ciego, en que el interés por buscar lo que nunca perdí, ha fenecido, ha desaparecido de mi mente, del centro de mi existir y ya el norte preclaro se cubrió de nubes negras, oscuros obstáculos que no me dejan ver que hay más allá del horizonte, más allá de la siguiente colina...
Entonces desfallezco y mi interés por la vida se esfuma, desaparece, se ennegrece toda mi alma dentro de mi anhelante pecho, y me pongo insensible a los afectos. No se si será porque amores he perdido tantos que me he cansado del desamor, eso de amar, de anhelar cosas, ya eso no lo apetezco.
Quiero ser amado, pero cómo, ¿lo merezco?. Hay un Dios que murió por mis pecados y eso lo creo y cada día lo agradezco.
No soy un escarnecedor ni juez de las gentes, ellas también son como yo, niños sufrientes. Grandes reflejos de adolescentes infaustos, que enfrentamos la vida sin importar a quien tironeamos o dejamos en el camino.
Pareciera que la vida consiste en superar y aplastar a todo aquel que esté delante nuestro sentir nuestro vivir "inocente". Inconsecuentes hasta la muerte. Así somos los humanos de perfectos.
Es mi vida en la Patagonia...Su tristeza invade lentamente mi alma, que va diluyéndose como se disipa la niebla en el viento.
Es como si el vuelo de una golondrina con sus alas tijereteara el aire, cortando y cegando mi entusiasmo, o que un veloz halcón se hubiera llevado con su rapidez mis ganas de seguir.
Entonces mirar el ayer, es para mi inevitable… quisiera retraerme al pasado, o quedarme en él. ¿Cómo anular en mi mente su existencia?, para no tener que arrastrar todo ese lastre, de pensamientos reminiscentes que cargo.
Pero sería como negar que existo en este mundo… olvidar que he vivido, que un día he nacido. He sido en esta vida realmente un hombre nómada moderno, llevado por su trabajo a distintos lugares del sur austral de mi país.
Claro ha sido una consecuencia de la labor que desempeñaba, llegando a ser un recolector de vivencias de laboriosos campesinos, colonos humildes, que en mi deambular patagónico, los miré directamente a los ojos.
Así conocí su cariño, su manera aguerrida de vivir, su pobreza, (pareciera que para ello fui programado), Buscar en las desolada pampa infinita un poema o una historia extraordinariamente...cierta.
Sueños que sólo han surgido en mi mente, o sueños de otras gentes, he anhelado, sueños mutantes a mi vida transgresores de mi existir, aventurero…
Pero afortunadamente me han mudado a un bello, cálido y cercano paraje patagón, donde al fin, he anclado mi barco pequeño.
Es un paisaje primitivo, casi salvaje, amable, con una cordillera frondosa, y cariñosa, que me ha acogido como una madre. Y ¿ahora que soy ?
Un "ermitaño poeta" o un anacoreta que vive en una solitaria cabaña a orillas del bosque con un pequeño lago rodeado de natural belleza. Curiosamente, ubicados tras los contrafuertes orientales de la cordillera Andina, cerca de la frontera.
Con todo, he sido un ladrón de sueños de otros.
He robado el poema hermoso de sus vidas, adueñado y me he quedado, pegado a ellos. Amando lo que nunca habría esperado ni soñado amar un hombre como yo. Crecido con el rigor de un barrio marginal de la "Capital de Chile”, un reino real, con ese disfraz lo menciono, lo digo para agregar fantasía, a una realidad feroz, verdadera y estigmática.
Seguir fantaseando hasta el final del fin. Escribiendo poemas de amores idos, o de otros, o míos tal vez no lo menciono. Eso ha sido de la vida mi vagar mi travesía.
No lo entiendo hasta ahora me pregunto y me digo. ¿Seguiré escribiendo en mi solaz cuentos fantasiosos o poesías?... No lo sé. Como un aventurero que al caminar por lugares desconocidos, siempre quiere ir más lejos, ver que hay más allá de la siguiente colina, el horizonte no puede ser el final de la vida.
Y se empina sobre las penas y congojas, para ver su destino, sin hallar el camino que surge atónito ante la ceguera del caminante de desplazar incierto, que no sabe donde va su vida.
¿Encontraré, sin buscarlo, el tesoro escondido al final del arco iris?...
Es lo que soñaba de niño con aquella utopía, la imaginación de un mundo fantástico, que desde pequeño, ha sido siempre mi osadía. Creer en los cuentos de Traucos y Pincoyas en mares llenos de grandes calamares, que devoraban las doncellas y el Caleuche en el centro de todas esa historias fascinantes, todas ellas. Son, para mi, como mi estrella.
Pero...
¿Ya se fueron tras el mundo virtual de hoy?. Aquel embustero que se robó la inocencia, el candor de esa gente, que un día vivió entre montañas islas y sueños delirantes, pero inocentes, más que ahora conscientes del daño y el dolor que trajo a este mundo de locos desenfrenados impenitentes.
Encontraré mis sueños escondidos en un baúl que en alguna parte de mi vida se hayan perdidos, sueños de un cielo de otras dimensiones, bellos anhelados pero ignorados por mi alma.
Así mi vida ha sido de una incesante búsqueda de algo que nunca he perdido, hallar algo que nunca he sabido que es, pero ¿no creo que pueda parar de buscar?.
Con todo en este deambular me encontré con la poesía. Creo que fue en mi travesía por los territorios de Aisén. Tal vez en algún lugar de esa tierra, o tal vez aprendidas en esos boliches, donde todo se decía, metafóricamente, sin decir nada comprensible, pero, al parecer todos lo comprendían. "QUIERO RETRUCO" gritaban feroces, y la palidez de más de alguno lo entendía. Levantando su carta lo delataba y gritaba "TRUCO Y RETRUCO" y yo no entendía nada. Decían " mierda que traía palos el rio", era porque había que cambiarle el mate. Tal vez, no se realmente, pero de pronto yo agarré ese lenguaje que mudó al verso al poema transmutante. Que se fundía delirante en el exuberante paisaje de Aisén.
O quizá fue en Magallanes, más precisamente Punta Arenas, aquel infinito paisaje austral donde la luna no alcanza a esconderse, pues el sol eclipsa su brillo al morder el borde sur del planeta.
Así es como quisiera comenzar como a escribir las memorias de mi vida, pensando que alguno de mis nietos u otras generaciones, encontrarán sentido a mi vida pequeña. Digo pequeña porque el mundo es inmenso y yo nunca me he interesado por ir más allá de la pampa, de los bosques de la Patagonia.
Pareciera que todo mi universo fuera eso. Viajar entre frías montañas en busca de la medalla que la vida me diera entre glaciares y pampas, desfiladeros y estepas, que se unen con el cielo en un abrazo gigante.
Las cordilleras siempre delante de mí han estado presente y me jalan a que las suba, que las escale, pero no, no soy un escalador, soy hombre de pampa, la altura me da vértigo.
Camino por sueños que han dejado mi vida descalza, he perdido lo que sin soñarlo he conseguido. Porque todo lo que he encontrado en mi caminar por este mundo, nunca formaron parte de mis sueños. Todo ha venido porque sí, sin proponérmelo han caído de los árboles como frutas maduras que en su tiempo el suelo las recibe amable, produciendo nuevos frutos y así un caminar interminable de la hazaña de vivir en este mundo.
Luego como las hojas caen de los árboles, lo que no he soñado y que me llegó han quedando en el camino, una a una, en fila interminable,y de pronto me encuentro como cuando empecé.
Algún día mi nave partirá y me iré sin equipaje. Descalzo sin nada, pues la vida al final todo lo toma, Todo lo quita, hasta los sueños que no soñé. Pero sigo pensando porque estoy vivo, y la vida me sigue robando lo que me dio, sin pedírselo, y que en el fondo llegué a amar, pero ya no quiero sufrir esas pérdidas y fracasos.
Me aferro ahora a un norte que ya no encuentro, miro a todos lados y ya pareciera que no existe, que se fue con otros amores que nunca conocí.
Soy un enemigo de agruparme, de afiliarme, me aterra encasillarme, huyo de las reuniones y debates, enemigo soy de todo lo que así me trate.
Pero he aprendido amar, hasta el más inconsciente, hasta el más indeseable al más linyera indolente. Ahora creo que he llegado a un punto ciego, en que el interés por buscar lo que nunca perdí, ha fenecido, ha desaparecido de mi mente, del centro de mi existir y ya el norte preclaro se cubrió de nubes negras, oscuros obstáculos que no me dejan ver que hay más allá del horizonte, más allá de la siguiente colina...
Entonces desfallezco y mi interés por la vida se esfuma, desaparece, se ennegrece toda mi alma dentro de mi anhelante pecho, y me pongo insensible a los afectos. No se si será porque amores he perdido tantos que me he cansado del desamor, eso de amar, de anhelar cosas, ya eso no lo apetezco.
Quiero ser amado, pero cómo, ¿lo merezco?. Hay un Dios que murió por mis pecados y eso lo creo y cada día lo agradezco.
No soy un escarnecedor ni juez de las gentes, ellas también son como yo, niños sufrientes. Grandes reflejos de adolescentes infaustos, que enfrentamos la vida sin importar a quien tironeamos o dejamos en el camino.
Pareciera que la vida consiste en superar y aplastar a todo aquel que esté delante nuestro sentir nuestro vivir "inocente". Inconsecuentes hasta la muerte. Así somos los humanos de perfectos.
ULISES IBACACHE

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